¿La relación que tengo con mi hij@, afecta la forma en cómo se alimenta?

Por Rosa Vargas y Javier Higareda


Como padres estamos encargados de formar a nuestr@s hij@s, desde que son pequeñ@s hasta que se convierten en seres independientes capaces de discernir entre conductas de riesgo y saludables, sin embargo, la relación que generamos y la forma en que nos comunicamos con ellas y ellos será de mucha importancia en esta etapa de vida.



Imaginen que su adolescente está pasando por una situación complicada, difícil, estresante; y piensa que no va a poder contar con sus padres y con esto no me refiero a que necesariamente sea así, ustedes pueden estar dispuestos, pero recordemos que son adolescentes y a veces no ven las cosas cómo son, en parte porque no han alcanzado la maduración suficiente, o porque ellas y ellos pueden estar convencidos de que no será así y esta confusión puede tener un resultado que no esperamos.

Entre todo esto que pareciera ser algo muy confuso, pueden aparecer las conductas de riesgo como: fumar, beber, comer en exceso, cometer acciones delictivas etc. o habrá adolescentes que, al no saber cómo lidiar con sus emociones terminan aislándose, comiendo de más o comiendo menos, porque eso les ayuda a enfrentar los retos o los cambios que pueden estar apareciendo en esta etapa y sentirse menos preocupados.


Esta parte de la comida es muy importante, cuántas veces no hemos visto a nuestras hijas e hijos que comen mucho cuando se sienten preocupados porque van a presentar un examen o tienen tarea, o al contrario, adolescentes que no quieren comer porque se siente tristes o porque cree que si engorda no serán agradables para las demás personas. Temen ser rechazados o abandonados, por lo cual recurren a estrategias desadaptativas y que los ponen en riesgo, para hacer cambios intencionales en su cuerpo y seguir agradándoles a los demás; y de alguna forma “evitar” ser abandonados o rechazados.


Pero ¿por qué hacen esto?, como adolescentes es muy común que quieran ser aceptados por los demás, en especial por sus pares, y generalmente se tiene la idea errónea, de que para ser aceptados deben de seguir los modelos sociales que pueden ser bonitos o agradables a la vista y cumplir con ciertas características como: ser delgado o delgada, ser atractivo o atractiva, interesante, con estatus etc. y esto no necesariamente es así ya que si ustedes lo piensan no todos tenemos los mismos gustos, y lo que para mí es importante, puede que para otra persona no lo sea.


Ahora pensemos ¿nosotros hacemos algo para fomentar estas ideas? identifiquemos los momentos en que vemos comer a nuestros hijos, ¿cómo es nuestro comportamiento?, ¿qué les decimos? decimos cosas cómo, ya te ves más gordito(a), ¿te vas a servir más?, no deberías comer tanto porque vas a engordar, ¿ponemos apodos a las personas como “el gordo” o “la gorda” y lo hacemos en tono de burla. Podemos reforzar la idea de que las personas delgadas tienen mayor éxito, diciéndoles me gustaría que fueras como tal persona que se cuida y que no tiene “panza” o si los vemos tristes y en lugar de comentar cómo se sienten, les decimos “vamos por un helado o una soda o refresco para que te sientas mejor” o simplemente no les decimos nada, pero con nuestras expresiones demostramos asombro cuando se sirven más en el plato, o hacemos gestos cuando ya no quieren comer. Tomemos un momento para reflexionar sobre estas acciones, ya que muchas veces ni nos percatamos de lo que hacemos porque fuimos formados y formadas dentro de un sistema, donde así se nos educó y lo vemos cómo algo normal.


Pensamos que si nosotros fuimos educados así, no tiene nada de malo y aquí estamos, vaya que no nos afectaron esas formas, que es algo que no puede ser tan malo, sin embargo, algunas personas suelen desconfiar en otras cuando necesitan resolver un problema, o sienten que a mitad del camino la persona en la que confían los abandonará, y esto los lleva a sentirse preocupados, tristes o enojados y a recurrir a diferentes mecanismos poco saludables para lidiar con esa situación complicada porque no saben cómo hacerlo. Cuantos de ustedes no han tenido peleas con otras personas, problemas de alimentación o de sueño entre otros, piensen por un momento en las cosas que les enseñan a sus hijas o hijos para lidiar con las situaciones incómodas.


Imagino que a muchos les hubiera gustado que fuera diferente, saber cómo lidiar con situaciones complicadas de una mejor manera, pero eso no significa que no se puedan hacer cambios. También pensemos en qué es lo que nos gustaría para nuestras hijas e hijos. ¿queremos que ellos nos tengan la confianza para contarnos lo que les pasa y poder ayudarlos en las situaciones difíciles?



Con esto no quiero decir que esté mal que las y los adolescentes aprendan a resolver las situaciones que les son complicadas, sino más bien que estemos ahí para escucharlos, para guiarlos, no resolverles la situación, pero si ayudándolos a encontrar la mejor solución. Yo sé que puede sonar complicado, porque muchos tienen que salir a trabajar y no pueden estar mucho tiempo acompañándoles, pero recuerden que siempre es mejor calidad que cantidad, y habrá que aprender a comunicarse, más en esta etapa en la que pueden surgir nuevos retos. Imagino que muchos pensarán, pero yo lo intento, de verdad que lo intento, quiero hablar con él o ella, pero en lugar de eso terminamos discutiendo. Lo sé no es fácil, pero es algo que cómo padres podemos aprender.


Empieza por hacer pequeños cambios a la hora de la comida, evita hacer comentarios respecto a la comida o a su apariencia física, cómo “estás muy flaco(a) o muy gordo(a), ya que muchas veces esto genera que las y los adolescentes asocien la comida con algo negativo, recuerda que el acto de comer deber ser algo agradable, demuéstrale con palabras y con tu expresión corporal que te sientes a gusto con su forma de ser y trata de involucrar a tu hijo(a) en la preparación de los alimentos, puedes empezar por su comida favorita.


De igual forma, no les compares con las y los chicos de su edad, si come poco pero no está perdiendo peso, no lo fuerces a comer o a terminarse la comida que dejó en el plato, y evita servirle demasiada comida, de esta forma no se sentirá presionado y será el quien decida si necesita más comida; sin embargo, si notas que lleva días sin comer, puede ser un signo de que está enfermo y lo mejor es que acudas con un especialista.


Si para ti es complicado relacionarte con las y los adolescentes y deseas saber las estrategias para lograrlo, contáctanos, podemos ayudarte.


Rosa Vargas Almendra es maestrante en ciencias biomédicas y de la salud por parte de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, su trabajo principalmente es con niñas y niños, en temas como ansiedad, miedos, fobias y conductas alimentarias de riesgo, forma parte de Good Life Terapia, si deseas agendar una sesión con ella, escríbenos WhatsApp: 77-14-35-44-21.


Jesús Javier Higareda Sánchez es egresado del programa de maestría y doctorado de la Universidad Nacional Autónoma de México, es maestro en ciencias biomédicas, educador en diabetes y psicólogo por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Es experto en temas de ansiedad, depresión y estrés y forma parte de Good Life Terapia, si deseas agendar una sesión con ella, escríbenos WhatsApp: 77-14-35-44-21.


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