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Reflexión: ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo desarrollar y mantener hábitos saludables?

Por Adriana Herrera



Según UNICEF, los hábitos de vida saludables son un conjunto de prácticas alimentarias, de higiene, cuidado personal, autorregulación, relaciones interpersonales, actividad física y descanso que nos ayudan a vivir una vida más saludable. Desde esta perspectiva, parece que la adopción o no de estos hábitos es responsabilidad del individuo al decidir llevarlos a cabo o no. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud agrega que los estilos de vida saludables son una "forma general de vida basada en la interacción entre las condiciones de vida en un sentido amplio y los patrones individuales de conducta determinados por factores socioculturales y características personales". Esta definición nos permite comprender que el individuo está inmerso en una serie de circunstancias que influyen en las decisiones que toma en relación con su conducta, ya sea acercándose o alejándose de su estado óptimo de salud.



Teniendo en cuenta lo anterior, es posible observar que la difusión de información relacionada con la salud a través de diversas plataformas sociales ha cobrado fuerza y ha contribuido a desarrollar ciertas creencias asociadas a "comportamientos o prácticas saludables". Hemos adoptado o al menos intentado modificar algunos comportamientos para mejorar nuestro bienestar, ya sea en relación con nuestra alimentación, actividad física, calidad del sueño, cuidado de la piel o supuestas soluciones para problemas de salud específicos. Lamentablemente, esta difusión masiva conlleva problemas de desinformación y confusión, ya que muchas veces la información es incorrecta. Las personas la consideran como una alternativa a la consulta con un profesional o se encuentran con soluciones mágicas que son fáciles de implementar y requieren un esfuerzo mínimo para solucionar nuestros "problemas de salud". Estas soluciones resultan muy atractivas y tentadoras, a pesar de que a veces tienen un alto costo monetario. Mientras tanto, la información científica basada en evidencia rara vez ofrece acceso "fácil y rápido" a la salud, ya que se muestra como un proceso que requiere esfuerzo continuo con recompensas menos atractivas, al menos a corto plazo.



Entonces, al considerar que el mexicano promedio tiene una sobrecarga de trabajo, un tiempo libre limitado y está inmerso socialmente en propaganda que asocia la salud con la ausencia de enfermedades y la perfección (como buscar una piel perfecta, el peso ideal, el cuerpo escultural, etc.), aumenta el riesgo de pensar que las personas que padecen alguna enfermedad, ya sea aguda o crónica, no tienen la opción de aspirar a un estado de bienestar y calidad de vida. Esto arraiga la idea dicotómica de la salud: enfermedad o ausencia de enfermedad. No es sorprendente que las personas opten por remedios milagrosos o prácticas que se difunden como soluciones mágicas y universales, sin considerar sus características y condiciones individuales. Como resultado, suelen fracasar una y otra vez, perdiendo los efectos positivos casi tan rápido como los obtuvieron o experimentando efectos adversos debido a la adopción de medidas que no son recomendables según sus características individuales. Esto socava su motivación y genera sentimientos de culpabilidad, frustración o la percepción de que algo está mal en ellos, lo cual puede llevarlos a renunciar a la búsqueda de su bienestar. Las personas que intentan hacer modificaciones en su estilo de vida para alcanzar una meta también comparten este sentimiento. Al adoptar ciertas conductas acordes a sus características personales y condiciones de vida particulares, no ven los efectos a corto plazo y se encuentran muy lejos de alcanzar los resultados mágicos o perfectos que esperaban.



Ante este panorama, es importante comprender que la salud y el bienestar en general son un proceso, y los cambios que adoptemos no deben tener el objetivo de alcanzar una meta final determinada (por ejemplo, alcanzar mi peso ideal), sino que deben ser acciones guiadas por un profesional que nos acerquen a nuestro estado óptimo (determinado por nuestra conducta y también por el acceso a los servicios de salud, nuestras condiciones individuales, sociales y culturales). Este profesional nos capacitará para tomar decisiones diarias más sabias que mantengan nuestro estado de bienestar. Debemos olvidar la idea de tener que alcanzar resultados o metas finitas en todo momento, ya que a veces podemos obsesionarnos y llevar nuestro cuerpo al límite para lograr dichos objetivos. Debemos optar por decisiones que, al ponerlas en práctica, estén orientadas al mantenimiento de nuestra salud y bienestar. Esto no significa que siempre tengamos que elegir opciones o recomendaciones saludables, sino que debemos desechar la mentalidad de "todo o nada", donde, al permitirnos algo, buscamos satisfacer todos nuestros antojos de una vez para luego lidiar con sentimientos de culpa o conductas compensatorias. En ocasiones, podemos permitirnos comer ese chocolate o no hacer ejercicio (siempre y cuando esto no nos ponga en un riesgo grave), pero debemos tener en cuenta que debemos regresar al camino lo antes posible, ya que cuanto más nos alejemos, más difícil será volver a nuestro proceso de salud y bienestar, y más nos alejará de nuestra vitalidad. Nuestra vida se construye a partir de una acumulación de decisiones, y si estas decisiones se orientan más hacia el mantenimiento de nuestro bienestar, poco a poco disfrutaremos de un mejor estado de salud.



Hay muchas cosas que aprender y desaprender en el ámbito de la salud. Cada persona tiene su propio ritmo y sus propias barreras o limitaciones que pueden dificultar el camino hacia el bienestar. Pero no importa cuántas veces se haya intentado o fracasado antes, siempre habrá una nueva oportunidad para acercarse a nuestro estado óptimo de salud. Aunque este estado no es idílico ni mágico, nos permitirá vivir una vida más plena y nos ayudará a conectarnos más con nosotros mismos. Quizás podamos comenzar por reducir nuestras expectativas de salud inalcanzables, estableciendo como objetivo el autocuidado en sí mismo y estableciendo alianzas con profesionales de la salud que nos orienten, nos permitan hacer preguntas relacionadas con nuestra salud y tomar decisiones sobre nuestro propio proceso.




La Mtra. Adriana Herrera es una especialista en conductas adictivas y procesos de salud-enfermedad, con amplia experiencia en el campo. Su enfoque se centra en brindar apoyo psicológico de calidad. Cuenta con Maestría en Psicología de la Salud, licenciatura en Psicología, Especialidad en Terapia de Esquemas y diplomados en terapia cognitivo-conductual.

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