top of page
Buscar

Ya tengo mi diagnóstico… ¿y ahora qué?

  • Foto del escritor: ROSA VARGAS ALMENDRA
    ROSA VARGAS ALMENDRA
  • 26 ago 2025
  • 3 Min. de lectura

Después de tanto tiempo sintiéndote diferente, actuando de formas que ni tú mismo/a comprendías del todo, preguntándote por qué parecía que los demás “sí podían” con algunas situaciones o tareas de la vida, tú tenías que luchar el doble o el triple, llegó el diagnóstico. Al fin, alguien puso en palabras lo que sentías desde hace años. Y aunque eso puede traer algo de alivio, también puede abrir la puerta a muchas emociones encontradas.

Recibir un diagnóstico puede ser un momento decisivo: a veces genera alivio, otras incertidumbre, miedo o confusión. Muchas personas se preguntan qué significa realmente ese diagnóstico, cómo hablarlo con los demás, qué pasos seguir o cómo integrarlo en su vida cotidiana.

¿Por qué es tan importante recibir un diagnóstico?

Porque pone nombre a lo vivido. Porque ayuda a entender, clasificar y predecir ciertos comportamientos y sensaciones que han afectado tu calidad de vida. Te da herramientas para comenzar a tomar decisiones más informadas sobre tu bienestar emocional. También ayuda reconocer que durante mucho tiempo no se habló de salud mental, que existían mitos alrededor de la terapia o de los propios síntomas, algo como: “no se nota que vas a terapia”, “no tienes nada, solo es flojera” o “ya se te va a pasar”. Recibir un diagnóstico permite reconocer que los síntomas no son excusas, pero sí aportan contexto. Y el contexto nos permite comprender, no juzgar.

Sin embargo, cuando ese diagnóstico llega en la adultez —después de años de incomprensión, etiquetas, juicios y autocrítica—, también puede remover heridas profundas; así que es natural sentir confusión, tristeza o incluso rabia. Rabia por ese tiempo que parece “perdido”, por las oportunidades que no pudiste tomar, por las metas que otros alcanzaron mientras tú intentabas simplemente entenderte. Puede surgir el duelo por la vida que imaginaste, por esa versión de ti que pudiste haber sido si hubieras tenido respuestas antes. Y eso duele.

Pero esa mezcla de emociones es válida.

Es parte de un proceso. De un duelo necesario para comenzar a sanar. Comprender que estos sentimientos tienen sentido y que no estás solo/a con ellos, es el primer paso para avanzar.

Recibir un diagnóstico no es un punto final. Es un comienzo. Una oportunidad para resignificar tu historia personal. Para entender por qué actuabas como actuabas y, sobre todo, para construir desde hoy una vida más acorde a quién eres realmente y permitirte ser auténtico/a.

Nombrar lo vivido no cambia el pasado, pero sí cambia la forma en la que te relacionas con él. Te permite mirarte con compasión. Empezar desde un lugar más claro y amable.

Comenzar procesos en el presente

Buscar apoyo psicológico no significa que estés roto/a, sino que estás dispuesto/a a conocerte más y cuidarte mejor. Hoy en día existen muchas formas de terapia, como la terapia cognitivo-conductual, la terapia dialéctico conductual, terapia de aceptación y compromiso, la terapia conductual, la terapia racional emotivo conductual, entre otras que están basadas en evidencia científica y que pueden ayudarte a trabajar pensamientos, emociones acumuladas y patrones que ya no te sirven.

La terapia no es solo "tratar un diagnóstico", sino de reconectar contigo mismo/a, con tus deseos, con tus ritmos y tu historia.

Estrategias para redefinir el camino

Aquí algunas formas prácticas de acompañarte en este proceso:

  • Crear una red de apoyo: Hablar con personas de confianza o unirte a com

    unidades donde otros compartan experiencias similares puede ayudarte a sentirte validado/a y menos solo/a.

  • Revisar tu historia con nuevos ojos: Ahora puedes reinterpretar muchos momentos de tu vida —dificultades laborales, emocionales, rupturas o decisiones— desde esta nueva comprensión.

  • Elegir el formato de terapia que más se acomode a ti: Presencial o virtual, lo importante es que te sientas cómodo/a, comprendido/a y que seas constante.

  • Fijar metas realistas: El diagnóstico no borra lo vivido, pero sí puede ayudarte a vivir el presente con más herramientas y menos culpa.

Nunca es tarde para entenderte. Nunca es tarde para empezar.

Encontrar respuestas, aunque lleguen después de años de preguntas, sigue siendo encontrar respuestas. Y eso, por sí solo, puede cambiarlo todo.

El camino no termina con un diagnóstico. Al contrario, empieza un nuevo capítulo: uno donde puedes ser tú, con todo lo que eso significa.


 
 
 

Comentarios


bottom of page